Cuenta Martin Seligman en su libro «Aprenda Optimismo», que si un borracho que se tambalea por la calle nos grita, que somos feos…que no valemos para nada…que dejemos nuestro trabajo…¿le hacemos caso?. En la mayoría de respuestas es obvio que no. Sin embargo…si alguna vez nos decimos esto mismo a nosotros… ¿nos hacemos caso?

La realidad es que está neurológicamente demostrada la conexión entre las zonas de Wernicke y Broca (producción del lenguaje) y la amígdala cerebral (principal núcleo de control de las emociones), y cómo esta última reacciona a las palabras que nos decimo, en nuestros soliloquios internos, con un impacto emocional distinto según la naturaleza emocional de nuestro discurso. En «Somos lo que hablamos» el Doctor Luis Rojas Marcos, hace un interesante recorrido sobre ello.

Si nos las decimos, también es obvio que nos damos mayor credibilidad ya que… «algo sabremos de nosotros mismos…». Pero también es cierto que el ser humano es capaz de tener percepciones de sí mismo o de sus conductas de manera muy distorsionada. Freüd diría que en nuestra infancia algún abandono momentáneo de nuestra madre nos hizo generar ira contra ella…y al tenerla idolatrada…la dirigimos contra nosotros mismos…algo que en pleno siglo XXI no es muy plausible. La psicología cognitiva analiza ese tipo de pensamientos automáticos negativos (PAN) y enfrenta al ser humano a derribarlos.

Seligman en ese caso afirma que la raíz de la depresión está en un estilo explicativo pesimista, y en la sensación de indefensión aprendida frente a las adversidades, o imposibilidad de mitigarlas. En el programa de Liderazgo Personal y Profesional Progressio podrás hacer un test para analizar tu estilo explicativo consciente y cómo hacer frente a tu «borracho interior» si te has dicho alguna vez alguna esas lindezas, que suelen ser muy comunes en estados con ansiedad y depresivos. Por cierto ya sabes…ni caso.

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