Por favor que nadie se me enfade con este post. La famosa frase acuñada por James Carville “¡Es la economía, estúpido!”, jefe de campaña de Clinton en 1992, ha generado miles de adaptaciones cotidianas. “The economy, stupid” era una de las tres máximas dirigidas a su equipo, con las que Mr. Carville quería empapar la campaña contra un imbatible George Bush, que había conseguido el 90% de aprobación popular. Algo que nunca había sido alcanzado por otro Presidente de los EEUU.

A lo que venimos, en 1966 Robert Rosenthal, profesor de Harvard, llevó a cabo un experimento en varias aulas de un colegio público de California, que a la sazón dirigía Leonore Jacobson. Pasaron un test de inteligencia no verbal a todo el alumnado de las aulas seleccionadas. Eligieron aleatoriamente un 20% de alumnos de esas aulas y le dijeron a los profesores, que no sabían nada del experimento, que esas chicas y chicos eran de un alto potencial intelectual. Del resto no les dijeron nada, constituyendo el grupo control. A los 8 meses les pasaron el mismo test a todos y comprobaron que ese 20%, que habían seleccionado aleatoriamente, había mejorado significativamente los resultados. A este fenómeno se le conoce como Efecto Pigmalión o Efecto Rosenthal. El libro “Pygmalion in the classroom: Teacher expectation and pupil´s intellectual development” es publicado por ámbos en 1968. La gran conclusión de este experimento es que nuestras creencias o expectativas sobre el rendimiento de los demás determina nuestra predisposición y conducta para con ellos, y por tanto su rendimiento.

Imaginemos que un jefe piensa de un subordinado que no tiene capacidad suficiente…¿qué tipo de tareas le va a encomendar? Obviamente tareas que están por debajo de su capacidad, impidiendo así su aprendizaje, desarrollo y aumentando su frustración y afectando a su autoestima. Y si además, dirigimos el foco a nosotros mismos…¿qué tipo de objetivos nos vamos a proponer?¿Cuál es la altura de las metas que vamos a pretender alcanzar? Van a depender de las creencias o expectativas que tengamos de nosotros mismos. Por todo ello mantener una actitud o creencia sobre nosotros mismos y sobre los demás optimista, libre de prejuicios y esteroetipos, empoderada, posibilista y por supuesto equilibrada generará que nos propongamos metas más atractivas, ambiciosas y aumentará la probabilidad de que sean conseguidas. De esa manera lo más probable es que aumenten nuestra motivación y autoestima. Como ven, de poco tiene que ver el Karma, don Demiurgo o Juan Tamariz.

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