Afirma el doctor Rojas Marcos que ante cualquier suceso que nos afecta no descansamos hasta que lo esclarecemos. Cada uno desarrolla su forma particular de explicarse las cosas que vive, lo que Seligman afirma como estilo explicativo. Es decir cuando somos víctimas de alguna adversidad, las personas de estilo explicativo optimista, tendemos a decirnos que es un revés pasajero y evitamos culparnos de lo que ha ocurrido. Las pesimistas piensan que los efectos de las desgracias son permanentes e irreparables, se abruman bajo el peso de la culpa y razonamientos fatalistas que no permiten salidas.

Que el soliloquio interno tiene un efecto en el comportamiento y en la gestión de las emociones se explica por conexiones entre neuronas. Las neuronas del área de Wernicke (comprensión y elaboración simbólica del lenguaje) y Broca (elaboración sonora del lenguaje) se conectan entre ellas a través del fascículo arqueado, que a su vez se conectan con las zonas del lóbulo frontal encargadas de recoger los discursos internos que nos permiten tomar decisiones y razonar las consecuencias de nuestros actos.

Estas neuronas trabajan con las áreas cerebrales que relacionan las emociones y el lenguaje. Cuando expresamos con palabras emociones intensas interviene la amígdala, situada en la profundidad de cada lóbulo temporal. Encargada de gestionar las emociones negativas como el miedo, la angustia y la furia, como las positivas, cariño, la alegría y la excitación sexual. La amígdala capta las palabras o señales de peligro y da la voz de alarma que nos impulsa a reaccionar y protegernos. Ésta involucra al hipotálamo, responsable de regular el dolor, el sueño y el hambre, también el estrés que estimula la glándula hipófisis, en la base del cráneo, que estimula a las glándulas suprarrenales para que segreguen adrenalina, cortisol, feromonas y hormonas encargadas de responder ante las amenazas y las situaciones agobiantes.

Por todo ello ante esta emergencia sanitaria es recomendable leer información veraz y contrastada, no dejarnos llevar por la histeria y los bulos, y que el discurso interno que nos gobierne se base en esas premisas. Sin duda los organismos e instituciones públicas están lanzando un mensaje fundamental y es apelar a la responsabilidad y el sentimiento cívico individual, formulado en primera persona “Yo me quedo en casa”.

Como afirma el doctor Rojas Marcos, por lo general el yo es más reflexivo, utilizamos en nuestros soliloquios internos la primera persona del singular para definirnos, “yo soy buen conductor” más propio de momentos de introspección o meditación sobre cómo nos sentimos. Usamos el tú cuando nos juzgamos, o darnos órdenes, ya que los adultos nos definen con el tu o nos juzgan. Cuando ejercemos autocontrol nos hablamos en segunda del imperativo. Cuando son críticas negativas utilizamos la segunda persona, “perdiste el partido porque no te esforzaste lo suficiente”. En cambio cuando las situaciones son positivas y estamos tranquilos y sosegados utilizamos la primera persona. “la charla me salió bien porque soy muy bueno”.

De ahí el “yo me quedo en casa” en primera del singular, situaciones positivas y reflexivas tratando de mantener la calma y apelar a la responsabilidad individual. Y es que la psicología de las masas lleva más de un siglo investigando el porqué los individuos se contagian del comportamiento de los demás y se limitan a repetirlo sin cuestionarse nada. Una de las características negativas de la masa es la sugestionabilidad. El ser humano se contagia y pasa a ser hipnotizado por las acciones de los otros. Con lo cual, adapta características diferentes que ejerce de forma aislada. No tiene conciencia de sus actos porque se ha dejado contagiar por la masa. La sociedad en masa presenta características negativas como son: la impulsividad; inconsciencia; falta de perseverancia; influenciable y crédula; acrítica; voluble; intolerante; sentimientos simples y exaltados. En la masa predomina una falsa ilusión sobre lo real.

Debido a estos fenómenos vemos a personas comprando toneladas de papel higiénico y haciendo acopio de víveres y productos poco perecederos, a pesar de que las autoridades hayan asegurado, por activa y por pasiva, que no habrá problemas en la distribución alimentaria. Ya sabéis, #yomequedoencasa paciencia, buenos soliloquios y buenos alimentos. *Foto Gerd Altmann

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Someone who is interested in private personal soliloquies, and how they influence the management of our emotions and behavior, will find psychiatrist Luis Rojas Marcos and the father of positive psychology, Martin Seligman. Dr. Rojas Marcos states that when we face with any event that affects us, we do not rest until we clarify it. Each one develops his own particular way of explaining the things he lives, which Seligman affirms as an explanatory style. That is to say, when we are victims of some adversity, people with an optimistic explanatory style tend to tell us that it is a temporary setback and we avoid blaming ourselves for what has happened. Pessimists think that the effects of misfortunes are permanent and irreparable, they are overwhelmed under the weight of guilt and fatalistic reasoning that does not allow for any solution.

That the internal soliloquy has an effect on behaviour and on the management of emotions is explained by connections between neurons. The neurons in the area of Wernicke (understanding and symbolic processing of language) and Broca (sound processing of language) are connected to each other through the arched fascicle, which in turn connect to the areas of the frontal lobe responsible for collecting the internal discourses that allow us to make decisions and to reason out the consequences of our actions. These neurons work with the brain areas that relate emotions and language. When we express intense emotions in words, the amygdala, located deep in each temporal lobe, intervenes. It is in charge of managing negative emotions such as fear, anguish and anger, as well as positive ones, love, joy and sexual excitement. The amygdala picks up words or danger signals and sounds the alarm that prompts us to react and protect ourselves. The amygdala involves the hypothalamus, which is responsible for regulating pain, sleep and hunger, as well as the stress that stimulates the pituitary gland at the base of the skull, which stimulates the adrenal glands to secrete adrenaline, cortisol, pheromones and hormones responsible for responding to threats and overwhelming situations.

For all these reasons, in the face of this health emergency, it is advisable to read true and contrasting information, not to get carried away by hysteria and hoaxes, and for the internal discourse that governs us to be based on these premises. Without a doubt, public bodies and institutions are launching a fundamental message and that is to appeal to individual responsibility and civic feeling, formulated in the first person «I’m staying home». As Dr. Rojas Marcos affirms, in general the «I» is more reflexive, we use in our internal soliloquies the first person of the singular to define us, «I am a good conductor» more appropriate for moments of introspection or meditation on how we feel. We use the «you» when we judge ourselves, or give us orders, since adults define us with the «you» or judge us. When we exercise self-control, we speak to each other in terms of the imperative. When it is negative criticism we use the second person, «you lost the game because you didn’t try hard enough». On the other hand, when the situations are positive and we are calm and peaceful, we use the first person. «The talk went well because I’m very good.»

Hence the «I stay at home» in the first of the singular, positive and reflective situations trying to stay calm and appeal to the individual sense. The fact is that the psychology of the masses has been investigating for more than a century why individuals are infected by the behaviour of others and limit themselves to repeating it without questioning anything. One of the negative characteristics of the mass is suggestibility. The human being is infected and becomes hypnotized by the actions of others. With this, he adapts different characteristics that he exercises in an isolated way. He is not aware of his actions because he has allowed himself to be infected by the mass. Likewise, Gustave Le Bon stated that the mass is impulsive, fickle and excitable. Because a feeling of omnipotence appears and the citizen no longer sees anything impossible. The mass society presents negative characteristics such as: impulsivity; unconsciousness; lack of perseverance; influential and credulous; uncritical; fickle; intolerant; simple and exalted feelings. In the masses, a false illusion predominates over the real thing.

Due to these phenomena we see people buying tons of toilet paper and stocking up on food and non-perishable products, despite the fact that the authorities have assured, both actively and passively, that there will be no problems in food distribution. You know, #istayathome with patience, good soliloquies and good food.

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